Pensaba en vos mientras veía llover, no se que pensaba, pero eras vos, estoy segura. Pero de un momento a otro mi pensamiento se escapo y me perdí, me perdí viendo como se mezclaban las gotas de agua, viendo que tan alto rebota una gota después de picar en el piso rojo, tratando de medir milimétricamente con mis ojos cansados, viendo como resbalaban por las hojas del árbol hasta la punta o por las paredes blancas de la medianera iluminadas por un rayo impertinente que encendía la noche, cuando un ruido inoportuno me hizo girar la cabeza, captando cada detalle. Y volví a pensar en vos.
Vos sos como una gota de agua, como la primera gota que cae sobre el asfalto después de una tarde ardiente, esa que se evapora casi al instante, que cae y se disipa en el aire, esa que anticipa la llegada de una tormenta que azota la arboleda en las calles, esa que pega con toda la bronca, que nace de una nube gris oscura y sorprende cortando el aire que agobia. Esa sos vos, irremediablemente necesaria, absurdamente intangible y por momentos indeseable.
Vos sos como una gota de agua, como la primera gota que cae sobre el asfalto después de una tarde ardiente, esa que se evapora casi al instante, que cae y se disipa en el aire, esa que anticipa la llegada de una tormenta que azota la arboleda en las calles, esa que pega con toda la bronca, que nace de una nube gris oscura y sorprende cortando el aire que agobia. Esa sos vos, irremediablemente necesaria, absurdamente intangible y por momentos indeseable.

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